Este cercamiento entronca con los postulados de la economía feminista, desconocida hasta la fecha en el ámbito de la discapacidad, pero con la que comparte importantes planteamientos de base relacionados con la política y la economía de los cuidados como veremos más adelante. Sobre esta cuestión tendremos posibilidad de abundar en el capítulo correspondiente. En la misma línea ha sido todo un reto introducir el enfoque de género en el tema de la accesibilidad universal y en el análisis de la construcción, reproducción y utilización del espacio público (y también del privado). El derecho a la ciudad de manera genérica es una reivindicación ya antigua, formulada hace ya más de cinco décadas, pero que sin embargo ha visto ampliado y enriquecido su contenido con las contribuciones realizadas desde distintos ámbitos académicos, y muy especialmente, de los movimiento sociales.

Introducir en este ámbito las demandas sobre accesibilidad universal desde el enfoque de género ofrece una oportunidad impagable para ampliar aún más el contenido de ese derecho, especialmente si se toma en consideración que estas aportaciones solamente pueden venir de la mano de un grupo social muy concreto. Los ejes relacionados con la salud y con los derechos sexuales y reproductivos forman parte de la columna vertebral que articula las demandas de las mujeres con discapacidad, íntimamente conectadas además con la crítica en torno a la cuestión de la apropiación del cuerpo femenino por parte de agentes de poder externos a través mecanismos disciplinarios que pretenden controlar su estética, su sexualidad y cómo no, su reproducción.

El desempoderamiento de las mujeres con discapacidad en todos los ámbitos de la vida, se hace aún más lacerante cuando se aborda las vulneraciones de derechos humanos que afectan a la esfera humana más íntima, la de la integridad física y moral de las personas. Sobre este particular tendremos oportunidad de abundar en el capítulo correspondiente. Asimismo, la violencia de género, como fenómeno estructural que afecta a las mujeres por el mero hecho de serlo, es una de las dimensiones a tener en cuenta. Sobre este particular, la investigación ofrece los últimos datos publicados por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género extraídos de la explotación realizada de la Macroencuesta de Violencia contra la Mujeres 2015, que por primera vez permite trazar una imagen mucho más fiel de la realidad de las mujeres con discapacidad ante este preocupante fenómeno.

Finalmente, otro eje fundamental es el referido a la participación social y política de las mujeres con discapacidad. Ser sujeto activo en la gestión de la polis, tener relevancia e incidencia política, es aún uno de los aspectos sobre los que es necesario trabajar de marea especial, debido a la tendencia generalizada entre las personas con discapacidad a no involucrarse en los asuntos de la comunidad, debido claro está, a la multitud de obstáculos que deben vencer. En este sentido, ni siquiera hace falta aclarar que esta situación no se debe a un déficit que en esencia se de en este sector de la población, sino a las innumerables barreras internas y externas que obstaculizan su pleno empoderamiento, sobre todo el de las mujeres con discapacidad.